Artesanos herederos de una tradición milenaria, son la mano derecha del capataz en la bodega, el complemento necesario para los catadores y los guardianes del tesoro que se oculta en cada bota.
Con su arte eleva la venencia sobre su cabeza, suspende el vino en el aire como un dardo que certero se clava en los catavinos que colman su mano y cortando delicadamente el fino chorro que queda suspendido en el aire, rubrica así este acto, para desplegar mil fragancias y sabores, desvelando todo lo aprendido tras los años de soleraje.
Un arte que como todo tiene algo de innato y mucho de perseverancia, de método y de trabajo.
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